Te invitamos a celebrar el Día Mundial de Los Océanos este 8 de junio con la proyección del documental “Sonic Sea” en el Jardín de Puerto de Luna a las 8:30 pm, la entrada es gratis.

Imagina vivir bajo el mar, escuchar los sonidos submarinos y tener kilómetros de litorales y océanos para viajar.

Pareciera el inicio de una bella historia de libertad y disfrute pero no lo es, al menos no lo es ahora, quizás hace decenas y cientos de años lo fue. Hablamos del océano donde poblaciones reducidas de cetáceos  transitan, justo eso es lo que hacen, transitar. Imagina una ciudad bajo el mar, siendo una enorme  ballena ¿quién podría hacerte frente? parecería que lejos de tener obstáculos podrías ir de un lado a otro con la libertad que tus capacidades te permitieran.

La capacidad que las ballenas tienen para comunicarse a grandes distancias es más que impresionante, según investigadores cada grupo de ballenas podría tener un dialecto propio, algo así como un código familiar, que les permite comunicarse entre sí, guiarse  y distinguirse.

El canto de la ballena es un sublime silbido sin comparación, como viento marino soplando entre burbujas, recorriendo su espíritu, que es compartido con el universo marino. La sensibilidad auditiva de estos grandes mamíferos es igual o más sorprendente que su tamaño. La forma en que se comunican es a través de un sonar biológico, un sistema de ecolocación que les permite emitir un sonido que rebota en los objetos aledaños y  así determinar la distancia y tamaño del mismo; un claxon marino que les permite comunicarse y del cual también depende el desarrollo de su vida.

Pensemos un momento en esa ciudad submarina, ese entorno natural de belleza desbordante, con sonidos que van y vienen, como aquellos naturales de la Jungla o los vírgenes manglares, un día sin aviso previo, esa vida natural se ve obstruida por sonares de alta capacidad, estruendosos motores y propelas que surcan los mares desatando la furia del sonido, ese sonido parecido al tráfico de la más cosmopolita urbe o el más glamuroso antro, sonidos tan fuertes que no hacen más que propagar el silencio marino a su paso.

Ese entorno natural se ha convertido en una ciudad bajo el mar con una red de sonido ensordecedor, del que simplemente no puedes escapar y del que no se puede huir atravesando una puerta o bajando el volumen.

Esta ciudad teje el sonido a través de 60 mil embarcaciones alrededor del mundo, interrumpiendo la dinámica natural de los cetáceos, la forma en que se comunican y viven. Transitando  en su espacio como amos y señores del mar, estas embarcaciones no dejan espacio para quienes antes dominaban los océanos, ahora estos han sido oprimidos por las ruidosas ciudades navegantes que transitan por todo el globo terráqueo.

Los fatales efectos del ruido marino cobra víctimas, modifica su entorno, las asfixia  y hasta llega a reducir el 80 por ciento de la capacidad auditiva de estos imponentes mamíferos. Registros de esos estragos se vieron en Madagascar en 2008 y en Hanalei Bay, Hawaii en 2004. Al menos 100 ballenas vararon por los estímulos acústicos, un sistema de ecosonda operado por un buque de investigación contratado por ExxonMobil para la exploración de yacimientos petroleros, de igual manera el uso de sonares de alta frecuencia por la marina estadounidense hizo lo propio en Hawaii.

En esta ciudad marina, no hay a donde huir, no hay campo suave para escapar, no hay montañas que escalar para esconderse.

 

“Quien gobierna el mar, gobierna también el mundo. No le basta la tierra, no le basta el aire, su voracidad  se expande sobre el mar como una mancha negra que lo alcanza todo y que parece que nadie puede borrar. Ese es el paso de la humanidad sobre esta ciudad bajo el mar”.

 

Evocaciones del Documental; Sonic Sea.

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Aprendiz de la vida.. Espíritu periodista. Destinada a amar. Amo las copas de los árboles tanto como las gotas de lluvia transitando sobre la ventana.