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Un alevoso atropello de mordaces voluntades, avivado mediante una hostilidad disparada como pragmático escape hacia la prosperidad; una alborotada quimera cuyo destino es una laberíntica desesperanza; y el inmerecido embate resolutivo, cruel y metastásico, como sustituto amargo de la apenas asomada justicia, se desprenden violentamente en la segunda película del cineasta tapatío Gael García Bernal.

Impetuoso segundo largometraje dirigido por García Bernal (Déficit, 2007), Chicuarotes narra la vida del Cagalera (el ganador al premio de Revelación Actoral en la edición 61 de los Ariel, Benny Emanuel) y el Moloteco (Gabriel Carbajal), dos marginados jóvenes originarios de San Gregorio Atlapulco, en la zona no turística de Xochimilco, quienes deciden abandonar el viciado pueblo, no sin antes conseguir a como dé lugar la idealizada cantidad de veinte mil pesos, para que el primero pueda convencer a la estilista Sugheili (Leidi Gutiérrez) de escapar junto a ellos.

Con asaltos, violencia doméstica, secuestro, amenazas de comunitario linchamiento, y un sinfín de actos de subyugadora inhumanidad, los desprevenidos chicuarotes se involucran en una arraigada dinámica colectiva de indiscriminado sometimiento y sumisión, que más allá de denotar a las enturbiadas y prepotentes figuras de corrompida autoridad (las cachondas policías sexo- chantajistas; el encendido mercenario Chillamil [arrebatadora encarnación de Daniel Giménez Cacho]; el megalómano padre alcohólico Baturro [Enoc Leaño, en jactancioso exabrupto]; y hasta el propio Cagalera, condenador abusivo de su reprimido hermano homosexual Víctor [Pedro Joaquín], y de su sexualmente suprimida hermana Güily [Esmeralda Ortiz], además de manipulador desidioso del manso Moloteco), plantea en la condición vital de los improvisados antihéroes una paradoja inexorable: su existencia se valida únicamente al acabar con la de los otros, o con la propia. Los chicuarotes solo son y existen en la ambivalencia del agresor y el agredido. Los reprensibles actos del Cagalera por dejar atrás la pobreza no provienen de un proceso reflexivo, sino de una pronta reacción a su entorno; el mismo es obligado a convertirse en prófugo, no por que se haya descubierto su malicia, sino porque ha dejado de contestar a la violencia, convertida aquí en lenguaje universal, único referente de brújula moral en el fangoso orden social.

La compleja propuesta temática de García Bernal es interrumpida, más bien estorbada, por una menos profunda y menos interesante auto-imposición retrógrada del estereotipo a manera de forzosa crítica social, representada por la sufrida madre Tonchi (Dolores Heredia) contra su borracho esposo Baturro, en un refrito del conflictivo machismo incuestionable contra la feminidad inerte, resuelto por un inesperado envalentonamiento de la golpeada esposa al curar la sangrante herida provocada por su cónyuge en la sien de su hijo Cagalera, en el cual decide aumentar la dosis de alcohol ingerido por su marido, en una angustiosa escena de grotesca embriaguez constreñida, y posterior vómito con sangre, donde víctima y victimario, en sus ahora invertidos roles, finalmente son consumidos, hasta una distorsionada redención, por su propia sed de ensaño.

La reveladora desilusión de una realidad en la cual ya no hay cabida para el futuro. Una agitada autofagia acechante como impasible fuerza rectora de la sociedad. La desolación desenfrenada provocada por el engranaje de ambiciones insaciables.

Chicuarotes, película de Gael García, se estrena en el Conjunto Santander de Artes Escénicas.

A un mes de su paso por el Festival Internacional de Cine de Shanghái, y el Festival de Cannes, Chicuarotes, película de Gael García Bernal de este 2019, ofreció su premier el pasado viernes 21 de junio en la Cineteca FICG ubicada en el Conjunto Santander de Artes Escénicas.

Chicuarotes relata la historia del Cagalera (Benny Emmanuel), y el Moloteco (Gabriel Carbajal), dos jóvenes provenientes de San Gregorio Atlapulco en la delegación de Xochimilco, quienes hartos de trabajar como payasitos en los microbuses sin lograr ninguna ganancia, deciden tomar la primera oportunidad que se les atraviese para conseguir dinero y abandonar su pueblo.

La alfombra roja

Durante la alfombra roja el realizador fue acompañado por Estrella Araiza, directora del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, y los protagonistas de la cinta Benny Emmanuel y Leidi Gutiérrez a quienes García Bernal presentó como ‘‘los actores que México había estado buscando’’.

Ya en la Sala Guillermo del Toro de la Cineteca, frente a un público de más de 300 personas, el talento estuvo presente en una sesión de preguntas y respuestas, donde al preguntarle por la inspiración para filmar la película, el director explicó: ‘‘estamos en un momento en donde realmente hay una sensación de que el futuro ya se nos fue, y los jóvenes son quienes más lo viven’’.

Al preguntarle a Leidi Gutiérrez, quien interpreta el papel de Sugheili, su experiencia en el rodaje de su segundo largometraje (luego de Las Elegidas, 2015, dir. David Pablos) la joven actriz afirmó que ‘‘Gael, es un gran actor. Es muy cómodo trabajar con él. Hay momentos en los que no necesita darnos una indicación tan concreta, a veces era solo un gesto, una mirada’’.

El protagonista Benny Emmanuel relató que uno de sus mayores retos fue ‘‘que el público conectará con el Cagaleras, para empatizar con él y no odiarlo, porque sé que es muy odiable. Que entendieran porque hacía lo que hacía’’. Al referirse a García Bernal dijo que ‘‘es un director muy completo realmente, es muy cómodo trabajar con alguien que entiende los códigos actorales’’.

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Gael García agregó respecto a la construcción de sus personajes: ‘‘el cuento que escribió Augusto Mendoza hace una labor fantástica de sacar al mundo del cine a los chicuarotes. (El Cagalera) es un personaje entrañable desde el principio. Queríamos experimentar. Las películas de ahora requieren flashbacks para saber porque el personaje hizo lo que hizo. Estamos en un país donde podemos experimentar. El cine es una de las voces más libres que hay’’.

Para finalizar el evento, al cuestionarlo por los retos de su filmación, el realizador declaró que ‘‘el reto es hacer la película. Es mantener el enamoramiento. Yo leí el guión hace diez años. Es el proceso lindo de hacer cine, al final estás haciendo un poema entre colaboradores. Hay que tomarse el tiempo para hacerlo bien’’. Chicuarotes es la segunda película dirigida por Gael García Bernal (tras Déficit, 2007), y se estrena en las salas de cine mexicanas el 28 de junio.

Fotografías de Sandra González ©

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