Reto San Sebastián: Rodar hasta que tus piernas se funden con el corazón

Este pueblo mágico también esconde una mágica enseñanza para todos los ciclistas

Quizás has escuchado hablar de San Sebastián del Oeste, un pueblo minero  nombrado como Pueblo Mágico por la Secretaría de Turismo hace ya varios años y cuyo esplendor vio la oscuridad hacia finales del siglo XIX con el cierre de sus minas. Ubicado a tan sólo una hora y media de Puerto Vallarta, esconde entre sus calles historia, cultura y secretos que son descubiertos por los visitantes uno a uno. Cualquier lugar al que volteas se convierte en el perfecto escenario para una fotografía digna de cientos de likes. Su clima templado y contrastante con el que vivimos los vallartenses la mayor parte del año invita a dar un paseo a pie, prender una fogata o tomar cualquier  bebida ancestral mexicana.

Este hermoso pueblo es el destino de miles de turistas anualmente, entre ellos los más famosos son los  motociclistas que año con año lo usan de descanso durante el “Vallartazo” para respirar aire fresco y porqué no, tomar una de las más famosas micheladas de la región, las de la esquina de la plaza.

Los motociclistas no son los únicos que viven la aventura entre las montañas de “San Sebas” como comúnmente lo nombramos. Los ciclistas han hecho de este pueblo uno de los retos más inolvidables. Una de las razones primordiales de esto es la elevación  de mil 480 metros sobre el nivel del mar, esto hace hasta a los más expertos descansar un momento antes de continuar hacia las paredes de piedra que  dan la bienvenida a los osados amantes de las bicicletas.

Año con año se realiza el reto San Sebastián del Oeste que impulsan ciclistas experimentados como Ricardo Murrieta, uno de los promotores locales del uso de la bicicleta en Puerto Vallarta. Este no es un reto cualquiera, quien no haya realizado un recorrido al menos al puente del Progreso, seguramente desestimará las cuestas que se amontonan entorno a los poco más de 70 kilómetros de distancia que se recorren en bici.

Un ciclista que no haya sufrido este empinado recorrido seguramente está mintiendo al decir que lo hizo suyo, pues son necesarios al menos un par de viajes para domarlo, al principio para reconocer la ruta y  después para encontrar tu forma de sobrellevarlo.

Casi un centenar de ciclistas recorrieron esta ruta el fin de semana y  de su boca escuché decenas de comentarios respecto a este gran reto, aunque ningún dicho pudo asemejarse a la satisfacción que reflejaban sus ojos al contar que habían llegado a la cima.

Algunos pasaron meses de dedicación y entrenamiento sudando la gota gorda, hubo quienes intentaron vencer  el camino al menos una semana antes para saber si estaban listos, otros, que lo tomaron con ligereza,  quedaron varados a mitad del camino con la frustración en los bolsillos.

La experiencia del Reto San Sebastián del Oeste, no sólo te hace uno con la belleza del camino, las majestuosas montañas y tu bicicleta al paso de tus piernas, te hace superar los calambres que hacen al cuerpo desfallecer, negar tu humanidad y fundir las piernas con el corazón, esa es la única razón y motivo por el cual el ciclista puede continuar a pesar del cansancio, de los pensamientos, del peso del viaje, del sol abrazador, de la agitación y sobre todo del cerebro que grita al son de cada pedaleo que dejes de hacerte el fuerte y te des cuenta que has llegado a tus límites.

Pero no, en ese momento de angustia y reto es cuando las piernas deben ser trasplantadas, no por otras de mejor condición sino por un corazón. Un corazón que se divide en dos, que anima en la última recta y empuja en la última subida, esa empedrada que parece no tener final. Ahí es cuando el hambre de victoria acalla las voces de la lógica, la física y las matemáticas. Cuando el corazón sustituye a la razón y le da una ayuda a los pedales para llegar a la meta.

Cuando el ser interior vence sus miedos y se corona de grandeza dando paso a una mejor versión de sí mismo. ¡Felicidades, llegaste a San Sebastián del Oeste!

 

 

Con fotografías de Vallarta Sobre Ruedas

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Aprendiz de la vida.. Espíritu periodista. Destinada a amar. Amo las copas de los árboles tanto como las gotas de lluvia transitando sobre la ventana.