Resurrección: la lucha incansable del anhelo

La otra gran potencia del cine, aquella que no se mide en efectos especiales, actores de renombre, o números de boletos vendidos, es la que permite capturar la realidad sin adornos o tapujos, cuya manifestación por excelencia es el género del documental; este vasto espectro del arte audiovisual es donde nuestro país ha destacado en los últimos años, en parte debido a una cuestión presupuestaria que prácticamente obligó a que muchos realizadores abandonaran la ficción; pero también es gracias a que México es un semillero de historias, aunque algunas no nos gusten; ejemplo claro de esto deja ‘‘Resurrección’’, cinta que muestra un relato de indignación, desesperanza, e impunidad.

Resurrección, cuarto largometraje documental del mexicano Eugenio Polgovsky, retrata la vida de los habitantes aledaños a la cascada de El Salto de Juanacatlán, y los nocivos efectos que el corredor industrial local, situado a las orillas del río que la alimenta, ha producido en el ecosistema, la salud, y el estilo de vida de esta población.

 

Resurreción. Carte. oficial del documental

 

Polgovsky, responsable de la cinefotografía del filme, presenta imágenes desoladoras, que con igual crudeza descubren al Río Santiago, protagonista indudable, cubierto por una blanca espuma de contaminación que ominosamente se levanta en el aire, así como a una pequeña, víctima de una agresiva dermatitis, consecuencia de los años que vivió expuesta a los desechos tóxicos que emanan del cuerpo de agua. El resto del poblado se convierte en paisaje cuasi- apocalíptico, donde casas, edificios, y campos han sido despojados de su pintoresco rural, tal como lo presumen los materiales de archivo aquí utilizados (irónicamente producidos por una instancia gubernamental ingenua), y que ahora se ha vuelto difícil de imaginar.

Desgraciadamente, la supuesta clandestinidad del rodaje resultó en el uso de cámaras y dispositivos de grabación de sonido con calidad inferior a lo que habitualmente se acostumbra ver en las pantallas de cine. A pesar de ello, el trabajo cinematográfico es rescatado por los testimonios de los pobladores nativos, que narran con nostálgica amargura un Juanacatlán y El Salto olvidados, arrebatados de su memoria, así como el constante activismo realizado por sus descendientes, que entre la impotencia y la añoranza buscan regresar a ese pasado que solo conocen por anécdotas y minúsculas diapositivas de su infancia.

Cine de denuncia ambiental, transformado necesariamente en denuncia social; historias de problemas locales, que atañen a todo el mundo. Documental que da voz a los que otros insisten en callar.

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.

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