Reseña: Y si fueras Tú: la suspensión crónica

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Inmediata llamada telefónica sobre negros de la pareja en vigilia ante el alumbramiento inminente, irrumpidos por el letrero y estallido de una alarma sísmica de supuesto contradicho simulacro. Montaje paralelo de vistazos de escombros y derrumbe agolpados contra oleadas de miramientos y cariños de otrora, ignorantes de la irreversible Demolición de un muro (Louis Lumiere, 1896). Y la premonitoria piedad petrificada, ya sea como devoción a la vida aun en vientre, o vislumbre de la rendición fúnebre, se cierran sobre una devastación espiritual en Y si fueras Tú, 2019.

Aprehensivo segundo largometraje del director defeño, Hugo Carrillo Brumbaugh (martirizante opera prima El lado oscuro de la luz, 2013; y los cortometrajes documental La verdadera pelea, 2012; y ficcional Ponte Buzo, 2017), Y si fueras Tú se adentra en el encierro sufrido a través de incontables horas por el padre expectante Hugo (Julián González Esparza) luego del terremoto ocurrido el 19 de septiembre de 2017 en Ciudad de México, que lo deja atrapado inmóvil entre los restos derruidos de edificios y de su anhelada prosperidad idealizada en su esposa encinta Ana (Marcela Cervantes), con quien queda incomunicada.

De la opacidad ocultadora a la penumbra avasallante; de la agitación súbita a la quietud extensiva. Reside en la sepultura incrustante un eco tortuoso que pronuncia aquello desaparecido, aquello que se detiene. Detenimiento humillante de la superviviente fortaleza humana, desarmada ante la aplastante situación de víctima fortuita, reducida a mero cuerpo desvanecido, voz esfumada, o rezo inaudito. Detenimiento marchito de los proyectos de paternidad inicial y matrimonio menoscabado, quimeras paradójicas de imposible consolación acabada. Detenimiento aprisionado de todo desplazamiento de cámara que simule o disimule cualquier indicio de liberación, movimiento, o respiro, transfiriendo la forma fílmica a un embate introspectivo de flashbacks escapistas, monólogos de vencida autocompasión (‘‘¿Para quién somos importantes?’’) y blasfemia desesperada (‘‘Espero que si estés en los cielos, cabrón’’); y fundidos a negro como elipsis de la psique carcomida del protagonista. Detenimiento paralizador de la realidad misma, solo entendida a través de descripciones periodísticas distanciadas (voces de María Karina Macías Aguirre y Luis Alberto Echeverría),
pues al estar atrapado no se mide la magnitud de lo acontecido más que en el propio agotamiento (‘‘Mira nomas que tiradero ¿Quién va a levantar todo esto?’’), y desamparo (‘‘Pues nadie’’).

Rondan acechantes en el aislamiento arrastrado las sombras, la incertidumbre, y la atonía, conducidas por la presencia de un tiempo indiferentemente profundo, profundamente indiferente. Permanencia ilimitable de la atemporalidad en el espacio inversamente contraído, única construcción inamovible en la que se gesta una íntima eternidad purgatoria (‘‘Del polvo vienes y al polvo te convertirás’’). Progresiva encostradura de la espera del rescate, cual constatación caritativa de la existencia (‘‘Estas atrapado, pero no estás muerto’’), a la vez degenerativa condición cronofóbica. Inconcebible cataclismo cíclico de los terremotos con exacta fecha 19 de septiembre (1985, 2017), coincidencia cruel (‘‘La historia se repite’’) que reabre las aun sensibles llagas de la memoria para rendirles un homenajexpiación personal y personificado, distante de la pesimistaignominiosa 7:19 (Jorge Michel Grau, 2016), y la cursilonartificiosa El día de la unión (Kuno Becker, 2018). Y solo en el abismo interminable del ensimismamiento se logra la cicatrización absolutoria de la reconciliación inalcanzable (‘‘Decías que perdonabas por todo lo que te había hecho’’), de la promesa quebrantada (‘‘Mi amor, ya voy’’), de la súplica misericordiosa (‘‘Déjame conocer a mi hijo’’), y del espinoso estigma social (entrevista insertada de miembro de Protección Civil y Bomberos: ‘‘juntos somos más chingones que nada’’).

El suspensivo sometimiento total encontrado en la crónica desolación del individuo. Regresión de los recuerdos a través de la recreación redentora. El impotente estatismo imponente, llevado a la álgida demostración de la fragilidad y el coraje humano.

Y si fueras Tú se estrena en plataforma de streaming de nuestro país a mediados de enero de 2021.


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