Perfectos Desconocidos: del libertinaje a la falta de forma

En un sentido práctico, no existen fórmulas infalibles en el cine. Por más taquillera y comercial que sean las intenciones de una producción, nadie puede afirmar el éxito o fracaso de una cinta hasta que ésta no atraviesa la prueba de fuego que es su exhibición en salas, festivales o plataformas de streaming. El lenguaje cinematográfico todavía está en una etapa de desarrollo, por lo cual abundan las propuestas narrativas, estéticas, y dramáticas que intentan dilucidar las características propias de esta disciplina artística; aún sin un consenso universal hay algo que queda claro: el cine no es como las otras artes, y cualquier intento de amoldarlo a estas dará como resultado un producto blando y amorfo, de funcionalidad inexacta. El cine no es ni será teatro; por más que se le busque, por más directores que como Manolo Caro persistan en concretar este sueño, el séptimo arte se rige a través de principios, que si bien están lejos de convertirse en reglas irrefutables, lo están aún más de ser imitación de la dramaturgia.

Sexto largometraje dirigido por Caro, con guión original de los italianos Filippo Bologna y Paolo Costella, Perfectos Desconocidos cuenta la historia de una cena de amigos, quienes después de un juego donde deberán leer y contestar cada mensaje y llamada que reciben, terminaran en un caótico enredo que expondrá la vida oculta en sus dispositivos móviles.

Con certeza, estilosa, posiblemente entretenida, pero no lo suficiente para justificar su pobre estructura dramática o su lánguida progresión hacia un desenlace sosamente moralizador. La situación planteada, si bien provocadora, es inexplorada, y sufre tanto de explicar sobremanera cada complicación que se presenta (un mensaje de supuesta infidelidad resulta ser un llamado de auxilio), como de revelar información con demora y sin brindarle tiempo suficiente al espectador para que esta se vuelva significativa.

La teatral dirección de Caro convierte al elenco estelar, conformado por Bruno Bichir, Cecilia Suárez, Manuel García-Rulfo, Ana Claudia Talancón, Mariana Treviño, Miguel Rodarte, y Franky Martín, en los principales motores del filme, pero la falta de química entre los personajes, sus caricaturescas interpretaciones, y los fallidos intentos para simular un ambiente vivaracho, a través de humor desatinado y largas conversaciones que repetitivamente se convierten en discusiones forzadas, no hace más que exhibir a Perfectos Desconocidos como un campo de juego donde los actores buscan ser todos protagonistas.

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.

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