Nos quedamos de ver en Roma

Nos quedamos de ver en Roma, en un cuartucho que apenas sostenía paredes; cruzamos extrañas miradas en un ir y venir de olores. Tu boca era un huracán de vidas…

No sé a cuántos hombres le has robado el alma con esas dos fieras que Dios sabiamente ha quitado a la naturaleza, para brindarle a sus corazones una exquisita condena.


Adoloridos del romance ajeno, despertamos celos de la misma muerte, dejando caer tu humanidad en el frío cemento. No te basto con enredar sus dedos en tus rizos eternos, tuviste que matar la sed de ti con esa descarada lengua.

Un hombre con los años pintados en las barbas, recorre tus figuras formando ilustres deseos, para saciar al amante gratuito en la oscura soledad de sus largos octubres.

Nos quedamos de ver en Roma, para descubrir la soledad en un comienzo del triste invierno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!