No te Preocupes, no irá Lejos: aprender a reír con los demonios

Las peores situaciones pueden sacar lo mejor de nosotros, aunque no esto no impida que también salga nuestro lado más oscuro. Para el caricaturista americano John Michael Callahan (1951-2010), haber quedado paralizado significó descubrir su pasión por el dibujo, plasmando en viñetas su característico humor negro, lleno de temáticas políticamente incorrectas, volviéndolo un referente obligado del arte de la historieta; pero también condujo a este artista en potencia a sufrir las consecuencias de sus terribles decisiones, que lo llevaron al borde de su salud física y mental; a partir de esta ambivalencia es como el director Gus Van Sant (Mente Indomable, Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza) presenta su decimoctavo largometraje acerca de esta singular personalidad.

Basada en la autobiografía homónima, Don’t worry, he won’t get far on foot (título original), narra cómo la vida del alcohólico John Callahan, interpretado por Joaquin Phoenix, sufre un cambio drástico luego de un accidente automovilístico que lo deja en estado cuadripléjico.

Van Sant desarrolla un drama de auto-superación que encuentra potencia en su reparto, conformado destacadamente por un ambicioso Jonah Hill, Rooney Mara, sutil y sencilla; y el camaleónico Phoenix, quien brinda una interpretación espléndida, indudablemente una de las más destacadas de su carrera. La cinta raya en el abuso de momentos melodramáticos, especialmente en los muchos donde el personaje de Callahan evoca a una figura materna glorificada, sirviendo prácticamente como excusa de trasfondo, y apenas logran incorporarse con discreción en el profundo viaje emocional que atraviesa el protagonista.

En las imágenes que representan la cotidianidad, realizadas por el cinefotógrafo Christopher Blauvelt, se contrasta el estilo de vida autodestructivo del personaje principal con su nueva condición; enfrentado ante la imposibilidad de redimirse con su pasado, y encontrar razones para aspirar por el futuro, Callahan queda atrapado en un círculo vicioso de derrotas, donde el simple hecho de permanecer encerrado en su hogar se transforma en la más grande penitencia. Así mismo, Blauvelt hace uso de un estilo semejante al documental, exageradamente íntimo, para adentrarnos en los relatos amargos de un grupo de Alcohólicos Anónimos, donde el personaje de Phoenix encontrará su propia sanación.

Y pese al evidente tono sombrío del filme, como en el trabajo de aquel que homenajea, la comedia, fungiendo de contrapunto, se hace presente; y es esta la que nos deja entender que, entre los triunfos y desdichas, más vale aprender a reírse con los demonios, y en el caso de John Callahan, hasta burlarse de ellos.

Share

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.