Los 10 mandamientos del nuevo mexicano

El momento perfecto para que nazca un nuevo mexicano.

¿Qué papel quiere jugar usted en la reconstrucción social de este país?

México se siente denso, las últimas semanas más que nunca y percibir esto de un pueblo  acostumbrado a vivir siempre a contracorriente ya es mucho qué decir.

En pocos días hemos sufrido golpes emocionales que van desde el terrible caso de la joven Mara hasta los diferentes desastres naturales que han sucedido en diversas partes del territorio. Se perdieron vidas, recursos y quedó como huella un temor generalizado que quita el sueño.

El 19 de septiembre, a pocos minutos de haber ocurrido el sismo,  la solidaridad mexicana renació. Olvidamos las divisiones que causan las ideologías, las clases sociales y los huecos propios de las distancias generacionales. Los mexicanos, cada uno desde nuestra trinchera,  buscamos algo que aportar y que pudiera ayudar al otro sin importar si esta era una acción grande o pequeña.

A pesar del dolor hubo rapiña, delincuentes que utilizan el camuflaje de servidores públicos vieron una jugosa oportunidad para apoderarse de donaciones, despensas y así poder llevar agua a su propio molino.  Oportunamente la sociedad lo señaló y en ciertas regiones se llegó a la acción, el pueblo abrió bodegas, tomó el control de víveres, recursos de primera necesidad y los repartió entre quienes más los necesitaban.

Paralelamente los partidos tuvieron que enfrentarse a un reclamo social que exige  su presupuesto de campañas para la reconstrucción de lugares afectados. Una vez más se dejó ver el letargo del gobierno federal ante la emergencia,  escuchamos ( otra vez ) las declaraciones que parecen cada vez más sin sentido de nuestro presidente Enrique Peña Nieto y fuimos testigos de la incapacidad de sus asesores por tomar decisiones que el pueblo reciba con respeto y agradecimiento.

Toda esta estampa de hechos los mexicanos las vivimos en tan solo unas semanas, no se usted pero yo me sentí fatigado, intranquilo, impotente, frustrado de no poder hacer más que donar y socializar los mensajes que se difundían desde las diferentes organizaciones que se mantienen serias y fuera del rumor.

Ante la falta de liderazgo la sociedad sacó lo mejor que tenemos como individuos. El terremoto que ocasionó perdida de vidas y daños materiales hizo que se asomara  de nueva cuenta el espíritu mexicano que deseamos muchos, ese que pensamos que el sistema había aniquilado.

Vaya que hemos tenido situaciones que han requerido de la unión de todas la voces. Ni Ayotzinapa, ni los feminicidios, ni los niños del ABC, ni las desapariciones de miles de mexicanos, ni los autodefensas, ni la corrupción y ni el robo de recursos de gobernadores en sus estados fue suficiente  para que el coraje del mexicano pudiera ser más que su indiferencia.

Por lo visto se necesitaba algo que estuviera fuera de toda realidad y que no aparecía dentro de la lista de cosas que teníamos que aguantar.

Después de cruzar el pantano de emociones de los últimos días parece que la adrenalina de todos comienza a bajar, el peligro ahora es que las cosas que estaban torcidas vuelvan al mismo curso que tenían y así volver a refugiarnos en nosotros mismos.

No debemos dejar que se esfume la capacidad de acción mostrada, debemos seguir con el impulso y la rapidez con la que se crearon iniciativas. Demostramos que sólo se necesita voltear a ver al otro y hacer empatía para fortalecer a la comunidad.

El mejor de los panoramas en este contexto es que los individuos hayamos entendido  que debemos participar para transformar lo que nos lastima. Debemos asumir  nuestra naturaleza política.  Usted decidirá como involucrarse, si desde las instituciones o desde lo particular pero es importante hacer conciencia de que debemos pelear en alguna trinchera que aporte   soluciones para el bien común. Hay muchas formas de conseguirlo  para que los nuevos mexicanos demos origen a una realidad distinta. 

Le comparto entonces una serie de nuevos mandamientos que un grupo de creadores pretendemos cargar en nuestro ADN, pensando en que lo primero que tendríamos que transformar está dentro de nosotros.

 

 

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