Libro: “Niños en su cumpleaños” de Truman Capote

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Dicen los que saben que es mucho más difícil escribir un buen cuento que una novela. Julio Cortázar, quien hablaba con conocimiento de causa, aseguraba que «la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out». Los relatos cortos deben ser contundentes, deben dejar noqueado al lector, tanto que no sepa en qué momento llegó el golpe definitivo.

Un ejemplo claro del género es Niños en su cumpleaños, de Truman Capote. El autor de A sangre fría o Desayuno en Tiffany’s fue un gran autor de cuentos, aparte de excelente periodista y ácido novelista.

Capote nos traslada al mundo más rural y profundo de los Estados Unidos, lugar donde pasó su niñez y que lo marcaría de por vida. De algún modo, ese escritor y periodista famoso que llegó a bailar con Marilyn Monroe en las elegantes fiestas de Nueva York, nunca dejó de ser ese niño sureño, tímido y retraído por su homosexualidad, y que le permitió observar por todos los ángulos la realidad del país más poderoso del mundo y reírse de quienes así lo creían.

Sus recuerdos de infancia se reflejan en este maravilloso relato que inicia con la llegada de una niña casi adolescente a un caluroso pueblo de Alabama. Su belleza y su carácter chocan con los habitantes del lugar, es un terremoto que rompe por completo con las costumbres conservadoras del pueblo.

La niña, a pesar de su juventud, es una hábil empresaria, una increíble bailarina y una ferviente activista por los derechos civiles por accidente. Con su belleza y encanto encandila a los jóvenes, conquista a las mujeres y pone en aprietos a los hombres, quienes ven en ella el reflejo de las ideas urbanas que pueden transformar por completo la realidad en la que viven, en la que son jefes, en la que se sienten cómodos.

El final es un golpe en la quijada, tan rotundo que es imposible caer a la lona y quedarnos ahí, aturdidos, esperando a que nos cuenten los diez segundos. Después nos quedamos con un regusto extraño en la boca, pero no es sangre, sino simplemente que el relato nos ha dicho cosas que quizá muchas veces nos negamos a escuchar porque son tan ciertas que duelen.

Capote, con tan sólo veinticuatro años, escribió este cuento con el que se reveló como el magnífico narrador que sería con el paso de los años, con el que conquistaría el Olimpo de las letras norteamericanas y que le permitiría adentrarse en todos los sótanos del país, incluso en aquellos donde abunda el aroma a Chanel.

Aparte de la perfecta narrativa y la magnífica traducción del escritor mexicano Juan Villoro, hay que destacar su impecable edición. Aunque a nivel comercial las editoriales siguen prefiriendo publicar novelas, el cuento sigue contando con un gran número de seguidores y algunas editoriales han apostado por él.

Fuente: elbuscalibros.com

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