La Balada de Buster Scruggs: el oeste inmisericorde

El pasado 16 de noviembre, la plataforma de streaming Netflix se convirtió en el espacio de distribución oficial donde los hermanos Coen estrenaron su primera película realizada completamente en formato digital. Como el resto de su filmografía, este compilado de cortometrajes tiene presente el característico humor negro, los finales de sentimiento ambiguo, y una larga lista de personajes tan absurdos como enigmáticos.

The Ballad of Buster Scruggs (título original), western antológico compuesto por seis segmentos escritos y dirigidos por los hermanos Joel y Ethan Coen, narra los agrios relatos de cínicos forajidos y caza-recompensas cantores; de damiselas en apuros y viejos buscadores de tesoros; de irremediables condenados y almas desafortunadas, y sus travesías en el salvaje oeste.

Además de la clara unidad histórica y geográfica, estas seis historias, presentadas a manera de cuentos o leyendas, reflejan como tema central la indiferencia del destino ante sus protagonistas, todos vueltos víctimas de su propia suerte, enfrentados a situaciones que los rebasan en exceso. No se encontrara una aleccionadora moraleja al final de esta cinta, sino que cae en el espectador la tarea de interpretar las desventuras del metraje, haciendo de este una experiencia verdaderamente singular.

El francés Bruno Delbonnel (quien trabajó con los directores en 2013 con el filme ‘‘Inside Llewyn Davis’’), director de fotografía de La Balada, captura imágenes evocadoras, que en igual maestría aprovechan la luz natural de los atardeceres, así como la expresividad de la iluminación basada en colores contrastantes y vibrantes. Tanto los paisajes naturales y los escenarios construidos, así como los rostros imponentes en los primeros planos, lucen con esplendor en la pantalla; incuestionablemente uno de los trabajos fotográficos más destacados del año.

La música, compuesta por Carter Burwell, quien ya tiene una amplia trayectoria de colaboración con los Coen, es sutil y emotiva, convirtiéndose en un elemento esencial de la cinta, y a su vez, digna de méritos propios; a través de un country clásico, donde en ocasiones predomina una voz melancólica, cautiva y atrapa gratamente a lo largo del metraje.

Hay que reconocer que esta es una de las obras cinematográficas más peculiares de los Coen (tanto por su género como su estructura narrativa), y por ende segmentará tajantemente a las audiencias. No obstante, es interesante presenciar el versátil desenvolvimiento de estos cineastas, quienes siempre han resaltado por su grandiosa habilidad para contar historias, a veces absurdas, a veces extrañas, pero siempre intrigantes y novedosas.

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.

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