El hombre que se codeaba con Juan Gabriel y los Premio Nobel

“Para Carlos Monsiváis, de su admirador y amigo. Con toda seriedad: Gabriel García Márquez”. Así se lee, firmada de puño y letra del Nobel colombiano, una  página dedicada en un ejemplar del libro “La Hojarasca”, de 1955.

 

Aspecto de la entrada a la Sala 1 del Museo del Estanquillo donde se realiza la muestra “Monsiváis y sus contemporáneos”

El ejemplar se exponía en una vitrina en el Museo del Estanquillo. Ubicado en el centro de la capital y en el que se conserva la colección personal de este escritor, que alcanza las veinte mil piezas. Esa no es la única frase de cariño para Monsi. En la página cinco de una copia de “Cien Años de Soledad” se puede leer, “Para Carlos, desde entonces; con todo el corazón”, también de puño y letra del Nobel colombiano. El volumen fue impreso en 1967, pero la nota está fechada en 1973.

 

Carlos Monsiváis con María Félix, durante la época en que el escritor condujo a serie radiofónica El cine y la crítica, de Radio UNAM

 

Y en otras vitrinas, hay más dedicatorias por el estilo. También de otros gigantes. “A Carlos Monsiváis, con un saludo de su amigo, al iniciar la tarea que nos espera. Juan José Arreola”, dice un Confabulario. Y en un ejemplar de “Los Trabajos del Mar”, está plasmada la siguiente frase: “A Carlos, en uno de nuestros habituales naufragios periodísticos: José Emilio (Pacheco) 1984”, Carlos Monsiváis, nacido en La Merced, es reconocido como el cronista por excelencia de la Ciudad de México.  Los momentos más significativos de su vida, se expusieron en la muestra: “Monsiváis y sus Contemporáneos”, que se montó por motivo del décimo aniversario del Museo del Estanquillo y terminó apenas el 29 de agosto pasado, pero que dibuja de cuerpo entero a este personaje toral para entender al México popular.

Ave Fénix en la Hoguera de Las Vanidades

La intelectualidad, es como una tormenta de egos. Que un escritor sea admirado por algún otro colega de profesión, puede ocurrir. Pero que casi todos le tengan admiración, es una utopía. Y más aún, que se gane el cariño, prácticamente unánime, no sólo del gremio, sino de otros personajes de la cultura popular. Eso es casi imposible que lo obtenga algún personaje en la actualidad. Como un ave fénix que se consume en esa hoguera de las vanidades y que renace, indemne, así es Monsiváis. En México solo había una persona capaz de que dos premios Nobel de Literatura (Octavio Paz, Gabriel García Márquez) y cuatro Premio Cervantes (Pacheco, Poniatowska, Pitol y Fuentes), además de Rulfo y Arreola,  le dedicaran con cariño sus libros. El reconocimiento casi unánime de los grandes autores, no lo alejó jamás del pueblo y a diferencia de otros pseudointelectuales que menosprecian a las expresiones culturales que consideran “inferiores”, él no tenía empacho de convivir  y dejarse fotografiar con ídolos como Paquita la del Barrio, Gloria Trevi y Juan Gabriel. Todo eso, se hace patente en la exposición.

 

El cronista de la Ciudad de México, Carlos Monsiváis con “El Divo de Juárez”, Juan Gabriel

 

Monsi y sus contemporáneos

 En el recinto suelen programarse exposiciones temáticas que son pretexto para poder presentar, de una forma más o menos coherente, las pinturas, fotografías, revistas, grabados, dibujos, música, películas, esculturas y todo el material que Monsiváis adquiría en La Lagunilla, en la Plaza del Ángel  u en galerías y bazares de la Zona Rosa. “Monsiváis y sus Contemporáneos”, presenta fotografías del autor con otros escritores o artistas, además de dedicatorias de los ya mencionados, piezas de arte que recibió como obsequio o que compró a los creadores. José Luis Cuevas, José Saramago, Margo Su, Iván Restrepo, Héctor Aguilar Camín, Hugo Gutiérrez Vega, Rubén Blades, Vicente Leñero,  y hasta Raúl Velasco y Jacobo Zabludovsky, aparecen con el protagonista de la exposición.

Además, en el recinto se pueden escuchar las canciones que Monsiváis escribió en su faceta poco conocida como letrista del grupo de rock “Los Tepetatles”, concepto acuñado por Alfonso Araú. Y hay disponibles equipos con audífonos para revivir aquellos programas de radio que conducía en Radio UNAM, sobre crítica de cine. En esta sección sobre la época dorada del celuloide en México, aparecen sus fotos con figuras como María Félix, mujer de “elegancia” por excelencia, como la describió. Y hasta se expone un brasiere exclusivo diseñado por la mismísima actriz. “Se fue el 777”, señala el artículo de portada del diario La Jornada, firmado por Monsiváis, en el que se describe la muerte del ídolo de México, Mario Moreno “Cantinflas”. Está fechada el miércoles 21 de abril de 1993.

 

Quienes visitan el centro de la Ciudad de México aprovechan para acudir a la vieja casona a disfrutar las exposiciones de la muestra.

 

Están disponibles también, distintas publicaciones como La Jornada, Proceso, Nexos, Vuelta, unomásuno, la Revista de la Universidad, así como los suplementos México en la Cultura, y La cultura en México, fundados por Fernando Benítez.  También se exponen los cuatro libros que escribió con don Julio Scherer García, sobre Tlatelolco y la guerra sucia de los años 70´s.

Con los ídolos reales

“Juan Gabriel se instala sin declaraciones ingeniosas o audaces, sin concederle atención a bromas y rumores, sin el apoyo mitológico de la Bohemia o de la Parranda o del culto a la Autodestrucción. Él es un Ídolo Real que desplaza fantasías producidas en serie”.

Así escribió Monsiváis sobre el Divo de Juárez, en el ensayo, “Escenas de Pudor y Liviandad. La cultura popular, hechizaba a Monsiváis. Más aún los símbolos que reivindicaban las luchas del feminismo o de la diversidad sexual –aunque no fuera de forma explícita- le atraían en especial. Por ello, el escritor luce más sonriente que de costumbre en su foto con Juan Gabriel, o en las imágenes con Paquita la del Barrio y Gloria Trevi. Y tampoco tuvo empacho en dejarse retratar con las plásticas Flans, aquel producto plástico-pop de la frivolidad ochentera.

 

Iván Restrepo y Carlos Monsiváis coronando como “Princesita de Petatiux” a Elena Poniatowska por su cumpleaños 60, en 1992.

 

Patrimonio de la humanidad

Pocas veces, la misma exposición regala una frase digna de hurtarse para cerrar un texto. Y al final de la muestra en El Estanquillo, en una pared, está impresa un párrafo que Elena Poniatowska regaló a Monsi, y el cual, sintetiza el legado del escritor, y lo que el visitante puede encontrar en esta galería:

 

“A Carlos Monsiváis, debería declarársele patrimonio cultural de la humanidad, porque más que un hombre, es una escuela, una casa, una asamblea, una plaza arbolada, una galería de arte, un bar gay, una biblioteca, un aula, una taquería, una flauta, unos frijoles, un San Simón, un gato con siete vidas. No le alcanzaron las siete vidas para hacer todo lo que quería, pero lo que logró resulta asombroso”.

Suscribo la moción, sin chistar.

La mano caprichosa del destino lo llevo por el camino de la nota política, que ha cubierto en medios como La Jornada, MVS Noticias y Canal 44 de la Universidad de Guadalajara. Enmedio de la adrenalina de la nota diaria, inexplicablemente se ha dado tiempo para realizar crónicas y entrevistas de temas más perfumados: literatura, estilo de vida y música, principalmente rock (entre más duro, mejor), son sus pasiones.

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