Green Book: el viaje del entendimiento

Resulta interesante notar que este año, de las ocho cintas nominadas a Mejor Película por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, seis son filmes de época; y de estos, son dos los que abordan el tema del racismo normalizado y socialmente aceptado que se ejercía hacia los afroamericanos en Estados Unidos hace tan solo unas décadas. Pareciera que a través del reconocimiento y la entrega de preseas de oro se pretende convencer que han sido abandonadas aquellas oscuras costumbres, cuando la realidad es que el hecho de que existan dichas películas no es más que la muestra de una indignación vigente (tal como en México sucede con ‘‘Roma’’ y su exhibición de la violencia), y que aún necesita hacerse escuchar.

Dirigida por Peter Farrelly, y nominada a cinco premios Oscar, Green Book: una Amistad sin Fronteras, cuenta la historia del italoamericano agresivo y un tanto bruto Tony ‘‘Lip’’ Vallelonga (Viggo Mortensen), un cadenero que al quedar sin empleo es contratado por el afroamericano prodigio doctorado en música Don Shirley (Mahershala Ali) para que le sirva de chofer, así como de guardaespaldas personal, en una gira por los estados sureños en plenos años sesenta.

La filmografía de Farrelly, que se distinguía por abarcar tres décadas de comedias burdas que oscilan entre lo vulgar, lo inmaduro y lo olvidable, ahora viene a refundarse sobre el drama, partiendo de una trama sencilla pero eficaz, sin alejarse por completo del humor, gracias al cual fluye ligeramente el ritmo de este largometraje. A través de una narrativa carente de innovación pero aprovechando toda la potencia dramática de la historia verdadera, Green Book sorprende al ser una propuesta fresca que no ahonda innecesariamente en pretensiones moralizadoras, y aun así mantiene una visión crítica del contexto histórico que representa.

Mortensen y Ali nos conducen amenamente por un viaje que sensibiliza y revela a los personajes realidades que no habían estado dispuestos a afrontar. El dúo protagonista, interpretando una de las parejas más desiguales de la pantalla grande en los últimos años, ambos enfrentados a la hostilidad reinante en la sociedad aristocrática que usa a Shirley como símbolo de su aparente intelecto, y al mismo tiempo lo rebaja a menos que humano cuando el aclamado músico es cordialmente obligado a utilizar la indignante letrina exterior en lugar del cuarto de baño dentro de la mansión donde apenas acaba de ofrecer espléndido concierto.

Una cinta que apuesta por hablar del cambio social inspirado en la buena fe, tan melosa como pueda suponerse, y tan lograda como todos los otros ejemplos de dramas derivados de fórmulas hollywoodenses. Cine que no culpa ni señala particularmente, optando por hablar de la condición humana de manera general; cine transparente que es tan entretenido como reflexivo. Green Book muestra que la empatía no nace de lo que ya se sabe, sino de lo que se aprende.

 

 

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Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.

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