Una señal visible con la que un pueblo puede reconocerse así mismo como conquistado es detectar que sus referentes históricos y simbólicos se encuentran fuera de los discursos artísticos.

La conquista tiene diferentes formas, en momentos de guerra los derrotados son atracados, sus museos se saquean y el legado artístico es destruido. Las mentes perversas son capaces de derrumbar iconos arquitectónicos con la clara intención de borrar la historia para que así los habitantes de ese lugar crezcan rodeados de paisajes sin significado, sin mitos ni símbolos. La pérdida de identidad de los derrotados se convierte en una situación inminente.

El arte desde mi punto de vista corre la misma suerte que la gastronomía, se convierte en un souvenir cuando el creador únicamente asume su faceta de vendedor y no la de investigador, antropólogo, sociólogo, historiador y todas las profesiones que se adoptan al ser artista.Arturo Montero

A partir de realizar mi trabajo documental y de la experiencia  como docente  hay una serie de preguntas a las que acudo de manera constante, ¿hay un desconocimiento en los  referentes culturales locales que puedan ser utilizados por el creador vallartense en su obra?, ¿existe un vacío en el discurso del creador local?, ¿existen elementos para hablar de una identidad local?,  ¿hasta donde el creador porteño acepta ser un simple artesano de souvenirs culturales para saciar la necesidad del visitante?, ¿quién decide el valor de la obra en el mercado artístico local?.

Si bien estoy convencido que el creador y las culturas deben estar abiertas a las influencias externas para poder enriquecer sus visiones también creo que en estos momentos la balanza está más cargada al deseo de imitación de lo ajeno, a la producción de estereotipos estéticos y a la necesidad del creador por tener una exploración interna de tipo existencial, así deja de lado entre otras cosas una producción de obra con valores y recursos locales. El arte está sometido a la presión de quienes dictan el valor en el mercado.

Esta presión es muy parecida a la que se vive en la gastronomía. Las recetas en los países conquistados  se transforman a partir de la intolerancia  del individuo conquistador ante un alimento, por ejemplo, un platillo original que se cocina con una especie picante va a depender de este y su propia experiencia cultural  para que se mantenga o se distorsione. Si el visitante no tolera un ingrediente seguramente este se suplantará por alguno semejante y propio de su cultura. Así es como entonces esa receta original pierde su característica de auténtica. El arte desde mi punto de vista corre la misma suerte que la gastronomía, se convierte en un souvenir cuando el creador únicamente asume su faceta de vendedor y no la de investigador, antropólogo, sociólogo, historiador y todas las profesiones que se adoptan al ser artista.

En el caso específico de Puerto Vallarta el visitante ideal debería aceptar a la producción artística local con todos los valores que esta conlleva sin provocar las suplantaciones, por otra parte el creador debería tener un actuar más dinámico en la investigación al momento de pre producir su obra, conocer  los valores culturales propios de la región, hacerlos suyos e integrarlos a su discurso así quizás se produciría un arte con mayor identidad.

Busquemos como creadores envolvernos en la historia y en los referentes culturales propios de un puerto que nació entre montañas, que goza de un pasado arqueológico importante y que mantiene una condición natural para la coexistencia de la diversidad cultural.  Tenemos mucho aún que dedicarle al proceso de la creación de nuestros discursos.

Así las cosas en la ciudad que se mueve con la tranquilidad de las olas.

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