El pasado fin de semana se estrenó en nuestras salas la décima entrega fílmica del director británico Christopher Nolan, que en años pasados ha sabido dejarnos impresionados con filmes tan memorables como El Origen (2010), Interestelar (2014) y la trilogía de El Caballero de la Noche (2008-2012), y esta vez no es la excepción.




Dunkerque es la adaptación cinematográfica (la segunda en realidad) de la evacuación de tropas inglesas y francesas que ocurrió en 1940 en las costas del norte de Francia, en plena Segunda Guerra Mundial. Este evento fue crucial en la historia mundial, ya que, en palabras del director:

‘‘de haber sido un fracaso el régimen nazi hubiera conquistado Europa fácilmente’’.

La película inicia justo cuando las tropas alemanas tienen el control total del puerto, obligando al ejército de los Aliados a buscar desesperadamente su escape a través de los escasos barcos disponibles. Es aquí cuando nos damos cuenta que la mayoría de los soldados son jóvenes, muchachos sin una preparación adecuada, que, desorientados, buscan su supervivencia a toda costa.

Nolan es reconocido por su ingenio a la hora de emplear técnicas narrativas poco usuales en el cine hollywoodense, y Dunkerque es el perfecto ejemplo de ello. La historia gira en torno a tres puntos de vista principales: el de los soldados atrapados en la bahía, el de los pilotos de la RAF que luchan contra cazas alemanes, y el de un grupo de civiles que navegan en un pequeño bote, acudiendo al llamado de auxilio de las tropas inglesas. Todas estas premisas se desenvuelven de manera excepcional, siempre mantenido la tensión acompañada de una banda sonora a cargo del brillante Hans Zimmer.

Aquellos que esperen escenas de acción inverosímil y disparos interminables saldrán bastante decepcionados de la sala, pero los que quieran ir a disfrutar cine de a de veras encontrarán una experiencia inigualable en esta minimalista y bien lograda cinta.




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