Climax: una improvisada danza decadente

Perturbadora, extraordinaria, seductora, estremecedora, y hasta ‘‘brillantemente peligrosa’’ es como la crítica mundial calificado la última entrega del director argentino Gaspar Noé; adjetivos que invariablemente podrían describir cualquier momento en la filmografía del cineasta, quien se ha encargado de desafiar los límites de la forma cinematográfica con sus apantallantes títulos de créditos, controvertidas temáticas, y llevar hasta los extremos la interpretación de sus actores. Han sido casi diecisiete años los que han marcado el estilo estético de este director, y la culminación de los mismos demuestran un ferviente desinterés en construir una narrativa concreta, propuesta que en el mejor de los casos le ha conseguido la aprobación de críticos y festivales, y en el peor el rechazo de las audiencias.

‘‘Climax’’, la orgullosa de ser francesa y quinta cinta dirigida por Noé, cuenta la historia de un grupo de bailarines, que en medio de una fiesta en una recluida escuela de danza son involuntariamente drogados a través de una sangría adulterada, lo cual desencadenará una frenética histeria colectiva.

Arrancando con una serie de entrevistas presentadas como falso documental, en donde no se escatima el número de personajes, introduciendo a una veintena de jóvenes prometedores con gustos y aspiraciones tan diversas como olvidables. Y una vez finalizada la tediosa secuencia comienza la verdadera película: una destellante bandera francesa, una banda sonora pegadiza, y una coreografía enérgica, fresca, y alucinante. Cada uno de los danzantes adquiere su propia identidad a través del movimiento, y a la vez funcionan como un solo ente que atrapa visual y sonoramente en una única y cautivadora toma. La sincronización de la puesta en escena y el ojo-cámara de Benoît Debie (fotógrafo de la cinta), logran capturar una inusual atmósfera sensorial llena de suspenso.

Tan orgullosa de su nacionalidad, como de su (supuesta) naturaleza improvisada, Climax se convierte más en un acto de performance grabado que en un filme. Lo que Noé consiguió a través de la espectacular interpretación dancística es arruinado por escenas prolongadas de diálogos que repiten lo ya expuesto en un principio. Conflictos irresolutos sobre el desamor, la maternidad, la sexualidad, y el incesto, que poco le importaron explorar a su realizador, y mucho menos a los espectadores, son arrojados a la pantalla y a la historia en un espiral vertiginoso que desemboca en numerosas incógnitas sin respuesta.

Es cierto que Climax ofrece una experiencia inigualable, enloquecedora, y punzante, pero nada justifica la errática dirección y actuación de este videoclip alargado a la extensión de un largometraje.

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.