El hartazgo que una gran parte de las audiencias en todo el mundo siente hacia las películas de superhéroes definitivamente no es un fenómeno reciente; en realidad, ya en este momento la percepción general es que este sentimiento lleva años arrastrándose con pesadez. Público y crítica coinciden en que la sobresaturación de cintas producidas bajo dicho género ha dañado las expectativas de todos los que alguna vez se emocionaba con el anuncio de un ‘‘universo cinematográfico’’, que supuestamente justificaba la necesidad del número desbordante de estrenos por año. Y pese a todo, es sorprendente ver que este hartazgo parece haber llegado hasta los mismos realizadores de la secuela de Ant-Man, que sin duda es una de las entregas más flojas del estudio.

Ant-Man y la Avispa, protagonizada por Paul Rudd, Evangeline Lilly, y Michael Douglas, nos muestra como el científico Hank Pym descubre una manera de rescatar a su esposa perdida por más de treinta años, para lo cual necesitará reclutar a Scott Lang, el cual se enfrentará a una amenaza no prevista que pondrá en riesgo su misión y su vida.

De lo que más carece esta película, es de un sentido de peligro inminente; ninguno de los personajes parece preocuparse mucho lo que sucede a su alrededor, y aquellos que a los que sí, son prescindibles y faltos de un conflicto sólido e interesante A nivel técnico, la posproducción da la impresión de no haber sido terminada correctamente: muchas escenas están terriblemente editadas, hay momentos donde estas extienden de forma extenuante, o se cortan abruptamente, y la banda sonora tiene una presencia mínima y decorativa sumamente estéril. Aun cuando la historia y ciertos elementos de ciencia ficción presentes en ella podían haber sido al menos entretenidos visualmente, sus realizadores se encargaron de presentarlos de la forma más trivial posible.

¿Cuántas veces puedes repetir la misma fórmula hasta que te canses de implementarla? Lo más lamentable de ver en lo que se está convirtiendo esta franquicia (cine en masa, edulcorado, e inofensivo) es que poco a poco se descubre que ni siquiera la gente detrás de la creación estos gigantes de la taquilla se preocupa por su calidad, y mucho menos está disfrutando el esfuerzo que demandan; hacen películas en automático, sin cuestionarse nada, más que si se han seguido los pasos correctos de la lista de instrucciones.

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.