Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald, sin encanto

Fue hace dieciocho años que el universo literario creado por la escritora británica Joanne Rowling, cautivo a millones por medio de la pantalla grande. Una generación entera de niños, y no tan niños, crecieron junto a las historias de los jóvenes hechiceros, que gracias al cine pudieron encontrar más seguidores de lo que su autora hubiera podido imaginar. Hoy, esta serie continúa su legado fílmico a través de la precuela ‘‘Animales fantásticos’’, una propuesta que, si bien resulta ambiciosa, todavía no ha demostrado tener las cualidades para destacar ajenamente a sus predecesoras.

Dirigida por David Yates (realizador de todas las cintas de Harry Potter desde el 2007), Los Crímenes de Grindelwald continúa narrando las aventuras de Newt Scamander (interpretado por Eddie Redmayne), quien es encomendado por el Ministerio de Magia para encontrar y capturar al radical mago Gellert Grindelwald (Johnny Depp), y evitar que ejecute su plan para eliminar a la población de no- magos.

Intrincada prácticamente desde los minutos iniciales, esta segunda parte intenta introducir y profundizar en tantos personajes como tramas secundarias, restándole importancia a cada uno de estos elementos; mucho más torpe se vuelve el desacierto, cuando se evidencia que el filme podía haber prescindido de ellos por completo. La estructura narrativa de la película resulta poco amigable para aquellos que desconocen el trasfondo literario de esta adaptación, convirtiéndola en un producto hecho para complacer a un pequeño segmento de fanáticos.

Muchas decisiones en el departamento de fotografía y dirección, inexplicablemente arbitrarias, son desconcertantes y confusas, ya que llevan al espectador hasta el punto de vista subjetivo del protagonista, sin ningún propósito enfático aparente. El nivel actoral sufrió una baja notable a comparación de la primera cinta. Ninguno de los histriones logra destacar en el cuadro, o al menos remarcar la importancia de su papel, cayendo en el acartonamiento e interpretaciones genéricas y burdas. En el caso de Redmayne, el personaje principal termina reducido a mero testigo de los acontecimientos del filme; su presencia es meramente simbólica.

Con el anuncio de otras tres películas de Animales Fantásticos a estrenarse en la década por venir, la franquicia atraviesa una incertidumbre severa que solo será resuelta si sus productores y realizadores dejan de fiarse en la marca que la antecede, que aunque haya sido un extraordinario fenómeno cultural, en estos días corre el riesgo de caer en la mediocridad, o peor aún, en el olvido.

 

Cineasta por pasión, todologo por necesidad. Amante del arte y el humor negro.

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